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Qué mala es la envidia. Sobre el fenómeno Twitter #Manuel

Y resulta que un escritor le da por hacer lo que se le supone que debe hacer un escritor: escribir. Y resulta que lo hace en un medio en el que no es habitual por su tipología: Twitter. Y el tipo va y convierte su historia en viral, y mantiene a todo el mundo en vilo, porque es original, porque habla de clones y ciencia ficción, porque además se ha puesto a hacer videos para darle más dinamismo… Y ha conseguido lo que estoy seguro que ni él mismo imaginaría.

Ha hecho trending topic el hashtag #Manuel, teniendo a empresas como Huawei o a los community manager de la policía, la guardia civil y demás, subiéndose al carro. Y en lugar de elogiar la originalidad, la buenísima idea, la forma de llevarla a cabo y de mantener la tensión, muchos se dedican a infravalorarlo diciendo que eso no es ser escritor. Claro, ya se cortarían el brazo izquierdo todos los autoeditores que están poniéndole a caer de un burro por haber tenido esa idea, haberla llevado a cabo y conseguir lo que está consiguiendo.

¿Cuánto le durará? Esa ya es otra historia, pero yo le animaría a sacar algo de partido de ello si tiene libros por ahí que anunciar o guiones que promocionar, o dibujos…  coño, aprovecha el tirón.

No olvides descargarte mi novela. Es GRATIS. Solo tienes que pinchar sobre la portada.

Hasta la próxima!!!

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Conozco bien la sensación. Sobre el después del atentado de Barcelona

Han pasado más de tres días desde los fatales atentados de Las Ramblas de Barcelona y Cambrils, y parece que la ciudad busca ansiosa su normalidad dentro de la anormalidad que ha generado una situación inesperada y de consecuencias atroces. Han pasado ya tres días, pronto se comenzará a sentir la resaca de todo ese cóctel de dolor, solidaridad, politización, odio, rencor, redadas policiales, actos políticos en la zona y minutos de silencio. Lo peor aparece cuando llega la calma, y conozco bien esa sensación, porque fui de los afortunados que no tomaron uno de los vagones destinados a saltar por los aires en los atentados del 11 de marzo de 2004. Aquel día yo no fui a la universidad a la hora habitual porque tenía que ir al médico, pero muchos conocidos —unos con más cercanía otros más de oídas— perdieron la vida. Y no es fácil volver a la normalidad después de algo así, porque todo está fuera de lo cotidiano, el exceso de seguridad —armados hasta los dientes— y el silencio por las calles… el ensordecedor ruido que provoca en nuestra mente el más absoluto silencio.

Por aquel entonces se desplegaron militares y legionarios en cada estación de tren de la línea de Atocha a Alcalá de Henares y Guadalajara, y eso, lejos de tranquilizar te pone de los nervios, pues el ser humano no controla los instintos irracionales que provoca el miedo y la paranoia. Y te fijabas en cada mochila, en cada marroquí, argelino o subsahariano. Y por mucho que piensas que no todos son iguales, que es una mínima parte y el resto son tan inocentes y víctimas como lo puedas ser tú, desconfías de que debajo de ese rostro que intenta esconder la mirada para no encontrar la reprobación del mundo que le rodea y le señala, haya un asesino en potencia. Da igual que te digan que el Islam no es eso, que no les representan, esas atrocidades están hechas en su nombre y eso provoca que, ante el desconocimiento de los individuos que tenemos ante nosotros, siempre prevalezca la defensa de tu propia vida. Por eso desconfías hasta el punto en que el miedo se transforma en rabia y la rabia en ira.

Se avecinan tiempos complicados para Barcelona, sobre todo para los trabajadores y vecinos de las zonas afectadas, porque la tristeza y el miedo dejan una herida profunda en el subconsciente. Aunque quizá lo peor de todo, y que entonces no sucedió, es que han terminado de dinamitar a una sociedad fracturada, pues lo que se lleva vomitando en las redes sociales por unos y por otros, la suciedad que emanan ciertas posturas de cargos públicos politizando la barbarie —con intenciones viles de arrimar el ascua a su sardina— convirtiendo el horror en moneda con la que negociar, hacen que parezca que los terroristas realmente han conseguido su propósito. Leo como se usa la palabra fascismo por gentes tan autoritarias en su manera de ver el mundo como lo eran los propios fascistas; y veo extremismo en cada frase mostrada en Twitter con formas de pensar que me hacen tener miedo por el futuro que se avecina. Parece como si la humanidad necesitara ciclos de oscuridad en su historia a niveles globales.

No podemos olvidar lo que sucedió en el pasado, que la historia de la humanidad nos enseñe y que nuestra sociedad luche contra esos extremos, que no le ganen la batalla a la cordura.

Una noticia esperanzadora: Parece que Younes Abouyaaqoub ha sido abatido

Acaban de dar una magnífica noticia, el asesino más buscado por este país, la marioneta del mal, ha sido abatido. No creo que su dios le guarde en su gloria por lo que ha hecho, por mucho que le hayan hecho creer. El manipulador nunca se mancha las manos, si realmente creyesen lo que les hacen ver se habrían sacrificado los primeros en vez de mandar a unos desgraciados.

El derecho a engordar de Rihanna, Demi Lovato, Kobe Bryant, Tania Llasera y demás celebrities

¿Por qué demonios es noticia que engorde una persona? Apunto a continuación un  par de ellas, aunque podría sacar decenas:

El gran cambio físico de Rihanna, motivo de debate y críticas en la red

Kobe Bryant, pasado de peso tras su retirada

No debería ser un hecho noticiable, sin embargo, parece que para determinados seres humanos está vetado el derecho a engordar, a ponerse como el Tenazas de comida durante un período de su vida más o menos largo y coger unos kilines. Engordar, en la mayoría de los casos no relacionados con una enfermedad, va asociado a un estado de ánimo —depresión, estrés, ansiedad, relax,…—, un periodo temporal—Navidad, vacaciones, embarazo, viajes de negocios…—, al tipo de trabajo, los estudios o a la falta de tiempo.

Coño, ¡todo el mundo tiene derecho a engordar!, da igual que se llame Rihanna, Kobe Bryant, Ronaldo, Demi Lovato, Tania Llasera o la vecina del quinto. Nadie está exento de ello. ¿Es realmente el ser humano tan miserable? ¿A tal punto llega el grado de envidia?, porque el 80% de los que se mofarán, pondrán mensajes en las redes sociales y harán escarnio del sobrepeso (que vete tú a saber el motivo del mismo) habrá que verlos/as desnudos. Estoy seguro de que no son ni Venus ni Adonis.


Y del 20% restante probablemente serán chavales de cuerpos esbeltos de mucho gimnasio (o simplemente jóvenes) y, por regla general, lo suficientemente estúpidos como para creer que cuando tengan 35-40 años seguirán teniendo el mismo cuerpo. Quizá a un pequeño porcentaje se le haya dotado del don genético de no engordar, pero el resto estáis tan jodidos como los demás.

Sé bien de lo que hablo, porque uno es de los que está eternamente peleado con la báscula, con las dietas y con el gimnasio, porque tengo la condena de que me encanta la buena comida, de no tener tiempo por dar la talla con las responsabilidades para con mi familia, además de un trabajo sedentario, problemas físicos que van surgiendo con los años (otros ya venían de fábrica) y una falta de tiempo total. Y a eso añadamos que en épocas de estrés como igual que si no hubiera un mañana.

Lo dicho, que uno adelgaza y engorda por temporadas, según le venga la vida. Y eso mismo les pasa a las celebrities, que también tienen derecho a bajar el listón, a ponerse como un trinquete de comer y disfrutar, sin estar obsesionados con la imagen por una promoción, por la temporada deportiva o por hacer una película o serie de televisión. O el derecho a pasar una mala racha psicológica o laboral o a que ellas tengan un hijo y les cambie la fisionomía (que parece que tienen que parir y estar como la muñeca Malibú a los dos días).

Por favor, vamos a dejar de ser tan capullos e hipócritas y evitar que se generen noticias de este tipo (con toda la culpa que tienen los medios de comunicación y prensa), que luego llegan las lamentaciones por bulimias, anorexias y demás trastornos alimenticios, los bulling en los colegios, los comentarios con mala follá generados por las envidias, y toda esa cantidad de mierda que algunos son capaces de echar por la boca.

Así que, si eres uno/a de esos gilipollas que vas criticando, dale tiempo al tiempo que también te pondrás tocino/a.

Fragmento de El vástago de la muerte. Capítulo 2

Clic. El sonido de la Beretta al ser amartillada hizo eco en el silencio de la noche. No hay nada más hermoso para un ser que ha vendido su alma al diablo que sentir el poder de tener la vida de un ser humano en sus manos.

Le gustaba estar a oscuras antes de comenzar un trabajo, le ayudaba a concentrarse, a focalizar su mente hacia el objetivo. Sentado sobre la cama de la habitación, sin más ropa que unos slips negros, esperaba con calma el comienzo del ritual. No era un hombre de gran tamaño, más bien todo lo contrario. La silueta que se dibujaba tras la claridad de la ventana mostraba una complexión delgada, aunque fibrosa. En algunos puntos del pecho y el hombro derecho se podían apreciar cicatrices provocadas por heridas de bala de sus años de servicio en Afganistán. Medallas al valor las llamaba.

Respiró hondo y encendió dos velas que iluminaron una estancia austera, sin más muebles que una cama individual vestida con sábanas blancas. El crepitar de las llamas hacía bailar las sombras proyectadas e incendiar los colores de amarillo anaranjado. En el suelo estaban dispuestos de forma meticulosa y ordenada los elementos que compondrían su vestuario: una Star 9mm de cañón corto, una pernera, un portacargadores, una sobaquera, un cinturón externo de triple cierre, un pantalón con varios bolsillos de botones a lo largo de toda la pierna, una camiseta de lycra de manga corta, un pasamontañas, guantes de tejido sintético, calcetines, botas militares y un machete dentro de su funda. Todo en color negro.

Comenzó a vestirse lentamente de abajo arriba, asegurándose de que cada elemento estaba perfectamente sujeto y adherido a su cuerpo, hasta estar listo.

Nunca le daban demasiadas explicaciones acerca de los objetivos: un nombre, un lugar de trabajo, un domicilio… Dedicaba unos días a estudiar sus hábitos y buscaba la mejor oportunidad para actuar. Una vez escogida, era eliminado. Limpio y fácil, aunque cada trabajo realizado provocaba una sensación de gozo insatisfecho que le llevaba a alargar más y más el instante de la ejecución. Ansiaba recrearse en ese momento tan cercano a ser Dios en que te convierte tener una vida a tu merced. Se había convertido en un asesino implacable y sin conciencia.

Pero este trabajo se salía de lo habitual, no le habían dejado estudiar a su víctima ni tomar decisiones acerca del cuándo, cómo y dónde. Eso le irritaba muchísimo, pero pagaban mejor que en otras ocasiones, así que no puso demasiadas objeciones.

Entre las sábanas deshechas comenzó a vibrar un teléfono. Era un terminal Nokia muy desactualizado, de prepago.

—Es la hora. Habitación 224 —dijo una voz grave y directa.

—Recibido.

No soportaba que le interrumpieran antes de actuar. Para él, aquel momento era como para un árabe rezar en Ramadán. El éxito o el fracaso de un trabajo dependía de su concentración y toda aquella parafernalia conseguía que se centrara, sin pensar en nada más.

Miró su reloj: 1:04 am. Terminó de enroscar el silenciador en la Beretta y se puso el pasamontañas. Acercó la cabeza a la puerta para escuchar si había alguien en el exterior. Abrió la hoja levemente y miró. No había más movimiento que el de las polillas revoloteando cerca de las luces de emergencia. El pasillo enmoquetado facilitaba el caminar con sigilo. Bajó las escaleras hasta el piso inferior, dejando atrás las entradas a los dormitorios del estrecho corredor. Jadeos y gemidos recordaban continuamente que el lugar era elegido por decenas de parejas cada fin de semana para dejarse llevar por la pasión y el sexo. Se acercaba al objetivo.

Habitación 224. Como en una de tantas, los gemidos eran la banda sonora que amenizaba el interior. Sacó de uno de los bolsillos un juego de ganzúas y abrió la puerta con la facilidad de aquel que ha penetrado en lugares prohibidos en cientos de ocasiones. Antes de entrar quitó el seguro de su arma y colocó el dedo índice al lado del gatillo, listo para la ejecución.

Un hombre tumbado en la cama, boca arriba, recibía las embestidas de una mujer subida a horcajadas sobre su pelvis. Ella, reclinada hacia atrás, evitaba caer de espaldas sujetándose por los tobillos de él. Se acercaba al orgasmo, la respiración entrecortada era más patente, los jadeos aumentaron de intensidad y los movimientos, antes suaves y rítmicos, se transformaron en espasmos mucho más violentos.

Él, con los ojos cerrados, intentando absorber todo el placer que le estaban regalando, sostenía las manos en alto, sujetando y acariciando los pechos de su partenaire. El clímax llegó a su fin, las contracciones abdominales lo hicieron patente. Él dejó caer sus manos sobre la cama mientras respiraba con intensidad y ella inclinó su cabeza hacia atrás con un gran aullido de placer.

Inhalaba profundamente, intentando recobrar el resuello. Su pelo azabache, alborotado, le caía en cascada por la espalda. Abrió los ojos muy despacio en la penumbra, relajada y satisfecha, para ver con horror cómo un arma la encañonaba, sostenida por un sujeto vestido completamente de negro y con el rostro cubierto. Quedó petrificada, como si hubiese visto las embrujadas pupilas de Medusa. Intentó gritar con todas sus fuerzas, pero el pánico ahogó cualquier sonido. Lo último que resonó en el interior de su mente fue cómo su ejecutor sonreía.

El primer disparo, a bocajarro, atravesó el cráneo de la morena, que cayó fulminada. Su acompañante, aún con los ojos cerrados, no se percató de la presencia del asesino hasta que escuchó el leve sonido del silenciador expulsando el proyectil y el posterior peso muerto de su amante desplomándose sobre el colchón. Sus ojos se abrieron como platos para volver a cerrarse por siempre. El mercenario degustó el momento, relamiéndose antes de apretar nuevamente el gatillo para acabar con la vida de su víctima con un disparo certero entre ceja y ceja.

(…)

¿Te ha gustado? Te invito a descargarla gratis, solo tienes que pinchar en la portada de la barra lateral.

Escritor no te metas en camisas de once varas: corrige o que te corrijan

Si pones a la venta un libro con una mala corrección te atienes a recibir malas críticas, así que, no discutas. Te pones en evidencia.

El otro día hablaba del problema de los autoeditores y los libros impresos, de la necesidad de tener un pequeño stock de libros que poder firmar y vender en mano, usar para presentaciones, hacer concursos o simplemente para regalar a esas personas especiales que hay en nuestra vida.

Hoy hablaré de otro tema también relacionado con los autoeditores, algo tan imprescindible en el mundo del libro como dejado de lado por un enorme número de escritores por diferentes motivos. Hablo de la corrección ortotipográfica y de estilo.

El deber de todo escritor

Hay un deber ineludible de todo aquel que se propone escribir y es el de respetar y cumplir al máximo todas las leyes gramaticales y ortográficas. En el momento que tomamos la decisión de querer que otros lean lo que escribimos hemos de ser conscientes de nuestra responsabilidad para con ellos. Y si no cumplimos, por falta de conocimiento o por dejadez al no querer releer y corregir nuestros escritos, hemos de ser conscientes que muchas personas nos podrán castigar y criticar con toda razón. Porque no hay excusa para cualquiera que quiera ofrecer al mundo algo suyo, es su responsabilidad.

La diferencia de escribir por amor al arte y mercadear con lo que escribes

Siempre he dicho que un escritor es un hacedor de historias y no un catedrático de la lengua, ese es un hecho indiscutible. Por ello siempre he respetado y defendido a aquellos que muestran algunas carencias a la hora de escribir sus mensajes en las redes sociales o relatos en blogs de libre acceso. Porque hay demasiado talibán ortográfico por el mundo deseoso de atizar a los demás siéndose incapaz de mirarse el ombligo y sus propias taras.

Pero la cuestión cambia ostensiblemente cuando decidimos que nuestro escrito se va a poner a la venta en alguna de las múltiples plataformas de distribución online de las que podemos disponer hoy en día. Varía porque ya no es un hobby, ya no está hecho por amor al arte, sino que hay un interés económico y material detrás. Y en el momento en que una persona ha pagado por leer algo tuyo podrá ocurrir que, si no hay un trabajo de corrección detrás, le resulte hasta molesta su lectura por la cantidad de erratas y faltas de ortografía del texto. Lo que antes tenía defensa ahora es indefendible, porque esa persona ha pagado por un producto y ese producto ha de tener unos mínimos de calidad. En el caso de no tenerlos el consumidor está en todo su derecho de criticarte en cualquier medio público denunciando una lectura puesta a la venta en estado deficiente.

Profesionaliza tu forma de actuar

Querer vender una actividad que realizamos profesionaliza dicha actividad y, por ende, a nosotros. Por ese motivo hemos de comportarnos como profesionales e intentar ofertar siempre la mejor calidad. De no hacerlo puedes acabar estigmatizado para siempre. Así que tienes tres opciones:

  •  Antes de poner el escrito a la venta alguien cultivado o con estudios ha de leer tu obra con sentido crítico e indicarte las carencias con el fin de no subir a las plataformas una obra defectuosa. Hemos de pedir a esa persona en todo momento que sea completamente objetiva y severa con nosotros.
  • Coger un diccionario de la RAE o la página web, así como cualquier página de apoyo que indique las reglas de la gramática y la ortografía y hacer un análisis concienzudo de cada párrafo de nuestro libro con un mínimo de tres lecturas, dejando pasar un tiempo entre la segunda y la tercera.
  • Contratar un buen corrector profesional. La opción más cara, pero probablemente la más acertada, pues tiene el ojo acostumbrado y podrá detectar los errores con mayor claridad, así como mejorar la legibilidad y el estilo de la obra.

De este modo, evitaremos que uno o varios reseñadores puedan destriparnos y realizar críticas duras contra nuestro libro, afectando claramente a las ventas del mismo y a nuestra imagen de escritor.

Sé inteligente a la hora de encajar una crítica

Por último, sé inteligente y toma de toda crítica la parte más constructiva, pues es la que te hará crecer. Enfrentarte a un reseñador pocas veces te traerá nada bueno, que sean aquellos que no opinen igual los que defiendan tu obra, cuando así sea necesario. La ortografía y la gramática son como las matemáticas, podrán demostrar sus argumentaciones.

Un recuerdo y Sinéad O’Connor

Hace muchos años ya —increíble cómo pasa el tiempo—, recuerdo un viaje de esos que dejan una huella profunda. Y la dejó por muchos motivos: por ser una de las primeras vacaciones que salía de Coslada con mis colegas, a un apartamento en Oropesa del Mar (Castellón); por lo divertidísimo que fue y por la gente con quien lo compartí y que ya hace años perdí la pista en su mayoría, pese a las redes sociales. La vida pasa y separa lo que a veces pensamos que nunca podrá desunirse, hasta el punto de dejar todo aquello en vagos recuerdos rememorados, a duras penas, con nostalgia. Qué bien me lo pasé.

Y entre otras cosas fue especial porque mi amigo Ángel me descubrió durante el trayecto en coche, al abrigo de la madrugada, un disco que se me clavó profundamente en el corazón: ‘Faith and Courage‘ de Sinéad O’Connor. Yo no conocía demasiado a la cantante, a pesar de su dilatada carrera y ese ‘Nothing Compares 2 U’ que ya es historia de la música, o por la sonada noticia de cuando rompió la foto del papa Juan Pablo II en uno de sus conciertos. El caso es que me impactó hasta el punto de pedirle que me lo copiara, necesitaba escucharlo más veces, sobre todo la canción ‘Jealous’, un tema que, cuando entonaba los últimos acordes, dejaba en mí la misma sensación que al yonki la falta de crack.

Ha llovido mucho desde entonces, el tiempo devora vidas con insaciable voracidad, llevando al olvido a las personas que un día lo fueron todo y que hoy solamente llegan a nuestros ojos u oídos por una esquela en el periódico, una desgraciada enfermedad o una columna en el apartado de sucesos.

Eso mismo me ha ocurrido al leer la noticia de que la cantante ha vuelto a subir a las redes sociales un mensaje con tendencias suicidas ( Sinéad O’Connor publica un vídeo en el que dice tener “tendencias suicidas” – vía El País)—uno más—, denunciando su situación de desamparo provocada por el alejamiento de las personas más allegadas, achacada esa separación a su enfermedad mental (está diagnosticada de síndrome bipolar). Una enorme sensación de pena me ha invadido al pensar que no hay persona libre de infortunios, da igual cuan increíbles nos parezcan sus vidas a través de las distorsionadas lentes de los medios de comunicación. Hay talentos que deberían pervivir al tiempo y a la enfermedad, para que siguiesen creando y haciendo magia de forma infinita, para encogernos el corazón o elevarlo al éxtasis con su arte. Ojalá se solucione su situación y la felicidad llegue a su vida.

La edición impresa y las dificultades del autoeditor

La impresión de libros para su venta es uno de los grandes problemas a los que se enfrenta un escritor indie

Uno de los problemas habituales que se suelen encontrar los escritores nóveles y los autoeditores es el de imprimir su libro para poder vender ejemplares firmados a su gente o en una presentación. Y muchos pensarán que la venta bajo demanda y Amazon tienen la solución, pero esto no es del todo cierto, y la mayoría de las imprentas y reprografías no hacen tiradas cortas o, si las hacen en digital, cobran demasiado cara la impresión.

Así que nos encontramos que, si queremos vender firmados nuestros libros, tenemos que comprar en la web de Amazon como si fuésemos los lectores a los que queremos dirigirnos y de esas adquisiciones obtener como único beneficio los royalties correspondientes, y nada más. Además, si no poseemos una cuenta premium tendríamos que pagar los gastos de envío, lo cual encarece bastante la operación. La suma de estos factores significa una gran putada para el escritor, pues lo que a él le gustaría es poder tener un buen número de ejemplares a precio de mayorista o fabricante y poder obtener mayor rentabilidad de esas primeras transacciones.

A todo ello, hay que sumarle los gastos de envío en el caso de que quiera enviar ejemplares firmados a otros puntos del país. Ya prácticamente no le sacaríamos ni el beneficio de los royalties. Y si de gastos de envío hablamos, también habría que mencionar que los compradores no pagan el precio del libro sin más, si no tiene cuenta premium hay que sumarle algunos euros, por lo que, si habíamos pensado que poner 12 € de PVP nuestro ejemplar de 300 páginas era dejarlo en un magnífico precio, nos encontramos que el valor de la operación no es el del libro en sí, pues con los gastos de envío se nos va al precio de un artículo de editorial en cualquier librería. ¿Pero no lo habíamos puesto en Amazon barato para que le saliese a buen precio al público? ¿No dicen que las ventas por Internet son más económicas por cuestiones de impuestos y esas cosas? Pues parece que no.

Así que nos encontramos con que el futuro lector tendrá que pagar un precio de libro de editorial en librería física por un autoeditor desconocido, y sin la garantía de calidad para el lector de los servicios editoriales de corrección, maquetado y edición, que en la mayoría de las ocasiones no tienen sus obras porque los escritores no pueden costearlos. Esto no facilita al autor las ventas online.

Así que, si sumamos todos estos aspectos no parece que Amazon sea la gallina de los huevos de oro para el autopublicador. Pero, ¿y si hubiese otra alternativa a Amazon más atractiva para el escritor?

Si resides en España te ofrezco una alternativa diferente

Si eres escritor y eres residente en España estás de suerte, porque gracias a los proveedores con los que trabajé durante el periodo de El Salto Editorial puedo ofrecer a los escritores unas condiciones francamente mejores de las que podrán encontrar en Amazon.

Diseñado por Freepik

Le ofrezco la posibilidad de realizar tiradas muy pequeñas para sus ventas personales y eventos, con beneficios cercanos al 70% (depende del número de páginas y el PVP que le haya puesto el autor al libro) y sin gastos de envío. Suena bien eso de poder tener un pequeño stock para esas ventas directas y sacarles mucho más que el royalty de Amazon. Y libros con solapas, que ya sabemos que dan un puntito extra de calidad que en Amazon o Createspace no ofrecen.

Pero no solo eso, también la posibilidad de contar con una librería que podrá distribuir en España a los lectores que compren en ella sin gastos de envío y por la que el autor podrá obtener hasta un 50% del PVP de beneficio (siempre dependiendo, como he comentado antes, del número de páginas y el PVP asignado). El lector que compre no tendrá que sumar el plus de transporte.

Además, todo aquel autor que decida usar la plataforma, tendrá jugosos descuentos en servicios editoriales, para que tener un libro de calidad editorial no sea una inversión casi inalcanzable.

¿Y para los compradores de fuera de España? Se desviará al punto de venta del libro en Amazon.

Suena bien, ¿verdad? Muy pronto seguiré hablando del tema. Aunque, si hay alguien interesado, que me mande un email y le cuento más detenidamente.

Un abrazo y hasta el siguiente post!!